Mira que intento guardarme cosas sólo para mí. Trato de mantener algo en mi mente sin que salga por mis labios. Pero acabo sucumbiendo a los efluvios de la amistad, de la sinceridad, de la apertura total o de la vanidad (no estoy muy seguro). Y entonces cuento algo, y mientras lo cuento pienso: “Joder, Adán, otra vez. La próxima vez te callas y será algo tuyo, sólo tuyo”.

No es que no me guste compartir mis sentimientos o mis sensaciones con la gente. Lo que pasa es que a veces parece que las desvirtúo escupiéndolas al mundo como si no fuesen importantes. Y no es eso lo que pienso.

Ya va siendo hora de ser coherente.